Entrevista Enzo Campos Córdoba: “Hay algo a lo que podríamos llamar guetos poéticos”

Por Alan Ojeda

Enzo Campos Córdoba (Córdoba 1984) el licenciado en letras, editor, curador y poeta. Ha organizado, junto a otros poetas, ciclos como “El Club del Quiebre” (CDQ) y Ciclo Asunción de Poesía y Música. Curó para Alpha Centauri (galería de la que fue codirector) tres muestras: OPUSMAGNUM de Franco Vico, Bestiario íntimo de Victoria Baraga y $1.800.000.000.000 (un billón ochocientos mil millones de dólares) de Jorge Pomar. Enzo también autor de los poemarios Barroco desnudo, Apología de la fricción, La salida es atravesándote, Paisajes de la ausencia y La palabra era vacío, todos por Ludwig ediciones. Próximamente se publicará en México Paisajes de la ausencia en una edición bilingüe castellano/inglés con edición también en nuestro país.

Enzo 3.jpg

– Tu formación y tu campo de acción forman un panorama bastante ecléctico: desde la lingüística a la curaduría y la poesía, desde la gestión cultural y edición de libros hasta tu trabajo como heladero. ¿De qué manera ves que convergen todas esas cosas en tu poesía?

Digamos que tiene que ver un poco con cierto nivel de hiperactividad que manejo. Todo comenzó escribiendo y experimentando desde el montaje de palabras, pequeños collages. A partir de ahí cada paso fue una especie de intento de amplificar ciertas características que necesitaba explorar: abrir el juego desde los ciclos de poesía, la radio y la curaduría de muestras de arte plástico, editar libros, entre muchas otras cosas, todo tiene que ver con liberar cierta intensidad implícita en mi forma de ser, además de mi trabajo formal en la heladería para despejarme y a la vez acercarme a la profesión que tiene que ver mucho con mi familia.

– ¿Cuáles son tus influencias más fuertes fuera de la literatura?

Podría responder que básicamente la música y las artes audiovisuales. En música tanto el kraut de Can, Neu!, las experimentaciones de Kraftwerk, la música industrial de Cabaret Voltaire y Throbbing Gristle, el hip hop y el r&b actual y muchas otras cosas. Dentro del espectro cinematográfico me influenciaron mucho tanto directores de la Nouvelle vague francesa (Jean-Luc Godard, Jacques Rivette) como autores alemanes sobre todo del expresionismo (Fritz Lang y Georg Wilhelm Pabst) y del Nuevo cine (Werner Herzog, Rainer Werner Fassbender y Win Wenders). También directores como Akira Kurosawa y Aleksandr Sokúrov. Me interesa la fotografía de Araki Nobuyoshi y artistas plásticos como Christian Schad y Egon Schiele.

– Tus cuatro libros, desde Apología de la fricción hasta La palabra era vacío se encuentran dentro de la colección Catábasis. Supongo que esa decisión es cualquier cosa menos azarosa… ¿Qué relación hay entre la catábasis y la forma en la que los poemarios abordan el fenómeno amoroso y erótico?

Mis tres primeros libros (Barroco desnudo, Apología de la fricción y La salida es atravesándote) forman parte de la colección Catábasis de Ludwig Ediciones, también forma parte Embed de Belén Senillosa. A la vez forman parte de la que nombré ‘trilogía del despojo’. Paisajes de la ausencia y La palabra era vacío forman parte de una trilogía en construcción en la que estoy trabajando y no están técnicamente dentro de la colección. Digo esto porque hay deseo de ruptura en ambos libros, una necesidad de alejarse, de cortar con lo anterior que no coinciden tanto con la idea de descenso y vuelta del infierno. Hablan más de la vida luego de esa experiencia reflejada en los anteriores libros.

De todos modos separación es mínima y puede leerse cierta referencia constante a imágenes ya vividas. Siento que mis poemas siempre juegan  con esa idea de meterse y salir, bajar y volver, empezar y terminar.

– Salvo La palabra era vacío, los títulos de tus poemarios anteriores hacen mucho hincapié en el fenómeno amoroso/erótico como algo físico, materialista, violento o no-armónico al menos, cosa que no se observa en el último título, que parece llevar el concepto a un ámbito más abstracto, más metafísico ¿A qué se debe esa elección?

Todo cambió un poco con Paisajes de la ausencia. Hay como una especie de corte ahí que pasa de lo material a lo más metafísico, podría decirse. Ahora el tema principal es la convivencia con esos fantasmas que antes eran carne y ya no están.

– Continuando con la pregunta anterior…concebir el amor y el fenómeno erótico como algo físico y material, tiene algo de liberador, pero también algo trágico, cosa que se puede observar en casi todos tus poemas, donde el encuentro total no sucede y hay que resignarse a una salida más violenta, como el puro encuentro de los cuerpos (“Mejor choquemos” por ejemplo), resignándose a que la lógica de la carne no es necesariamente la lógica del deseo tal y como lo buscamos ¿De dónde surge esa concepción de las relaciones? ¿Tiene origen en alguna lectura?

Tiene origen en la lectura de las experiencias personales. La vida está llena de esas experiencias en las que uno se queda a mitad de camino de la concreción. Uno lleva adelante relaciones en las que no siempre queda bien parado y no logra demasiado. Pienso en la insatisfacción en la que nos encontramos con ese otro con el que formamos esas relaciones y como la replicamos en futuras situaciones amorosas. Mis poemas muestran un poco eso. Y llevo las experiencias a un pequeño ámbito: la habitación. Un ámbito que me permite graficar mucho de las pasiones en un espacio breve, acotado y opresivo como liberador dependiendo del momento que esté atravesando.

Enzo 1.jpg

– Todos tus poemas tienen una característica que puede ser detectada a simple vista: versos y poemas cortos, incluso despojados, con poca adjetivación y sin mucho decorado. ¿A qué se debe la elección del formato y el cultivo de ese estilo en particular?

Creo en eso de decir mucho en pocas líneas. Una especie de necesaria búsqueda hacia la síntesis superadora del sentimiento a través de la brevedad en cuanto palabras. Maximizar el significado con la menor cantidad de recursos. Sobre todo considerando que muchas veces el lenguaje escrito se queda corto ante el de las imágenes y sensaciones, y decir de más es decir peor.

– Cada vez que uno escribe construye no solo una enunciación especial, sino un posible lector capaz de recibirla ¿Qué buscas generar en el lector cuando lee tus poemas? ¿Tenés un lector ideal?

Es simple: busco identificación e intercambio. El lector ideal es todo aquel que se involucre y se sienta parte del juego y que eso lo lleve a elaborar lo propio.

– Socialmente las artes parecen cumplir un rol social cada vez menos. Lejos quedó la idea del arte como una actividad revolucionaria, que tanta importancia tuvo en los discursos filosóficos y artísticos hasta aproximadamente la mitad del siglo XX ¿Qué rol debe ocupar la poesía en la sociedad hoy en día?

El de liberación individual. Las artes pueden ayudarte a hacer catarsis de muchas cosas por las cual estés atravesando. A mí me sirvió mucho escribir para salir de cosas jodidas, situaciones amargas y creo que puede servirle a otros también. Además es un buen punto de partida para conocer personas que están en la misma y darte cuenta que realmente no estás solo, generar afinidad. Ésa es una pequeña revolución para mí.

– ¿Cuál creés que sería el trabajo del poeta? ¿A qué se debe el cambio de importancia de la figura del poeta con el correr de los años? ¿La sociedad se alejó del poeta o el poeta se alejó de la sociedad?

El trabajo del poeta es con la palabra, con el lenguaje. Generar a partir de él imágenes y dárselas a un otro para que replique. No entiendo muy bien cuál es el lugar del poeta hoy en la sociedad. Históricamente y de manera estereotipada fue considerado un bohemio, un outsider. Ahora esa idea no parece tan realista sino todo lo contrario, pueden encontrarse poetas en cualquier lado y eso me resulta algo innecesario y a veces hasta peligroso. Para mí el poeta tiene que estar alejado de la banalidad de la publicidad y la política por ejemplo. Pero bueno, de alguna manera podría decirse que la poesía, o la versificación de palabras que no es lo mismo, ha ganado otros espacios que antes estaba reservados para otras cuestiones y/o expresiones.

– Proliferan los talleres, los blogs, las editoriales independientes, la “literatura” de Facebook y Twitter… ¿Considerás que hay más interés por escribir y ser leído que por leer? ¿O tiene que ver con una idea muy difundida como lo es la de la escritura como mera auto-expresión?

Cada caso es único y no me gustaría caer en una generalización. Por un lado hay un deseo de mostrarse, de ser visto, todo influenciado por las redes sociales. El tema es obviamente qué hacemos con eso que mostramos, si lo llevamos un paso más allá y construimos algo o lo dejamos en la mera exposición. No creo que realmente nadie tenga la autoridad para dar un taller de poesía por ejemplo, hasta me resulta una especie de estafa. No quiero sonar romántico y decir que cualquiera puede ponerse a escribir poesía de la nada pero me resulta más cierto que considerar que alguien desde un puesto jerárquico pueda enseñarme como escribir lo que me pasa por adentro. La formación tiene que ver con todo lo que nos pasa alrededor, ir tomando y replicando de la manera que nos salga. Volviendo a la cuestión de la expresión, no me parece mal, siempre y cuando allá algo ahí real, un fondo más allá de la forma.

– Cambiando de eje hacia tu trabajo como editor en Ludwig ediciones ¿Qué es lo que buscas en un libro para editar? ¿Un libro no muy bien escrito puede salvarse con buenas ideas? O al revés ¿Un libro muy bien escrito pero ausente de ideas, es publicable?

Con mi socia (María Ludwig) siempre cuando nos hacen esa pregunta respondemos lo mismo: buscamos un autor que trabaje con el lenguaje y al que puedas leerlo ahora o en cinco años y no pierda vigencia. Nos interesa esa idea de anacronismo en la lectura. Pero principalmente tiene que gustarnos a los dos. No concibo la idea de editar a alguien por encargo o que no me genere algo.

Eso responde un poco la otra parte de la pregunta. Creo que un libro sin ideas es impublicable. En cambio un libro no muy bien escrito con buenas ideas sí, pero todo depende de cada caso ya que tampoco soy muy partidario de ‘tocar’ demasiado los libros en cuando edición. Me gusta tener cierta distancia con la obra cuando no soy el autor de la misma por una cuestión de respeto de las formas de cada uno.

– ¿A qué atribuirías la victoria de la poesía objetivista de los 90 en los poetas jóvenes de hoy en día?

Para empezar no creo que haya ganadores en la poesía. Los que hoy son leídos, o hace rato lo son, mañana pueden caer en el anonimato. Me parece que el que crea que algo ha triunfado cuando nos referimos a expresiones artísticas no entiende que suele funcionar de manera cíclica. En este momento ciertamente se lee ese tipo de poesía que seguramente tenga que ver con cierta influencia de movimientos como Belleza y felicidad o con cuestiones coyunturales como las redes sociales y la manera de acercarse a la realidad. Ese tipo de poesía realmente no me interpela para nada, pero sí a la mayoría de la gente así que todo bien. Pero bueno, las mayorías no suelen tener razón, es algo que nos ha demostrado la democracia.

Enzo 2.jpg

– ¿Cómo es la relación con los autores durante el proceso de edición?

Como dije antes trato de hacer demasiada edición de los textos en sí. El autor se acerca con el material y hacemos lecturas, correcciones, hasta quedar conformes. Suele ser un ida y vuelta muy interesante pero siempre respetando la idea y forma inicial de la propuesta del autor en cuando al texto en sí.

– ¿Cómo describirías, brevemente, el panorama de la poesía independiente hoy en día?

En este momento no creo que haya una escena en sí. Hay algo a lo que podríamos llamar guetos poéticos que generan pequeñas movidas, ciclos, etc. No veo algo realmente consolidado, al contrario, noto más desunión que en otros momentos. No es algo que me sorprenda ya que es una época bastante individualista más allá de lo que se nos quiera mostrar. Ese panorama que lleva varios años es el que siempre me lleva a sostener la editorial y cada tanto volver a los ciclos de poesía. No veo que nadie abra el juego y le dé espacio a las nuevas voces. ¿Hay muchos que se jactan de hacerlo? Eso seguro. Pero la realidad demuestra otra cosa totalmente diferente.

– Como gestor cultural ¿Cuál es la función de los ciclos de poesía? ¿Generan nuevo público o nuevos lectores? ¿Creés que la abundancia de espacios y ciclos ha derivado en una pluralidad de voces y estilos en la práctica real?

Creo que los ciclos de poesía ocasiona esa apertura de juego de la que hablo en la pregunta anterior. En ese sentido podría decirse que genera nuevos lectores, y espero, nuevos autores. Nunca hicimos ciclos por el público, aunque consideramos que es importante que se genere ese intercambio entre el que lee y el que escucha.

La abundancia de espacios y ciclos derivó en muchas voces, eso seguro, pero no creo que haya una pluralidad palpable. Es más, creo que ahora no hay tantos espacios para leer y ese es todo un tema ya que no se escuchan nuevas voces. Que no haya tantos ciclos responde a la manera de encarar los proyectos que tienen algunos, haciéndolos un año o menos y dejándolos ante los resultados. Es algo que pasa en todos los ambientes artísticos igual. Tampoco me gusta la idea de tener un ciclo eterno, en el cual termine siendo un bufón constante ante una claque que me festeje los mismo poemas fecha tras fecha.

– ¿Qué te dejó el hecho de haber organizado el CDQ por tres años? ¿Te obligó a replantearte algo?

Me dejó mucha satisfacción. Venía de hacer un ciclo de poesía solo y trabajar con Tuti Curani,  Deni Rodríguez Ballejo y Franco Ferrari (y una larga lista de músicos que participaron del ciclos, sin contar a los poetas que fueron casi cien) me dio un nuevo punta de vista volviendo a la cuestión de pluralidad de voces ya que cada uno tenía sus lecturas y eso rebotaba en cada fecha generando una estética única. También me dejó esa sensación constante de querer volver a seguir haciendo ciclos de poesía, cosa que había perdido con el anterior ciclo. Así que quién sabe, capaz en forma de CDQ o no, pero volveremos a intentar abrir el juego. Algo que en este momento coyuntural de la cultura no me parece para nada poco.