Dos poetas eslovenos: Uroš Prah y Kaja Terzan

Por Pablo Arraigada
(comentario y traducción)

Tišima, de Uroš Prah (2015)

   Nacido en 1988 en Cmurek, estudió Literatura Comparada y Filosofía. Es co-fundador de la revista literaria eslovena I.D.I.O.T. y también es uno de los fundadores del festival Literodrom.

   Los poemas de Prah son un desafío, un reto para leer. Son oscuros y corporales, duros y cercanos. No se puede negar la carga erótica, la presencia de otro, pero en un lenguaje que mantiene la distancia. Los juegos de palabra abundan a lo largo de este libro (‘falokinesis’, ‘criptolisiado’, etc), son una marca del autor, presente en su libro anterior (Čezse polzeči, una vuelta onomatopéyica complicada para traer al español) y regresa en este nuevo volumen desde lo dificultoso para traducir del título –una variedad de silencio, un silencio que empuja, pero hacia dónde- nos sumergimos en una lectura que implica una labor extra para el lector. Un libro que desafía formas y las aúna.

 

Hambre 

Dos cáscaras tengo y ambas

son amor.

 

La pequeña se vuelve hacia adentro

se retuerce.

 

El límite de la otra

contra las paredes se refugia.

 

The kindest pleasure

Me sentaré en tu pecho y le pegaré letras.

Que harán oraciones

con las que reiremos.

Luego tu me alzarás,

firmemente me agarrarás

y me meterás tu gorda pija.

La risa brotará de mi boca.

Será todo tu final.

 


Delta
, de Kaja Terzan

   Kaja Terzan nació en Škofja Loka en 1986. Estudió Historia del Arte y Sociología. Artista polifacética, vincula su obra poética a su actividad de bailarina.

   Delta es un recorrido musical, melómano, un baile. Los poemas construyen una danza, a su propio ritmo. No es posible separar la obra estética del carácter performático que ofrece la autora.  La lectura es ardua pero placentera cuando se llega a la totalidad, se observa cómo esas pausas y esos movimientos conforman una idea mayor. Una danza de movimientos, ritmos y palabras. Es así que cada poema se renueva, lleva a una relectura tras su cierre, una vuelta al inicio, tras giros y vueltas de tuercas en el hilo de lo que se leía,  y un comprensión toda de cada movimiento.

 

Círculo de agua

Tenía quince años cuando (otra vez)

infatigable lloré en público (en el tren).

Un señor me preguntó si me había

dejado mi novio, o qué

“¡Falta de realización!… ¡Falta de realización!”

respondía.

Había transcurrido un año malo cuando vi

en la casa de un muchacho “Sacrificio”

de Tarkovski y otra vez lloré…

Me preguntó si no estaba bien.

Le dije que ¡está maravillosa!

Diez años después di a luz un niño,

llora mucho, yo pregunto tontamente

¿Qué te pasa?