MAPPA: Delimitaciones de la poesía Slam en Buenos Aires.

Por Javier Martínez Conde

   La palabra Slam, cuando hablamos de poesía, suele referirse a dos cuestiones:
a- Una competencia (de ahí su origen inspirado en «Chelem», término que se usa en francés y en inglés para definir a un torneo) en la que lxs participantes recitan textos propios, al mismo tiempo que son calificadxs por un jurado. Esto implica un compromiso activo del público, primero porque algunxs de ellxs determinan quién gana; segundo porque, gracias a la modalidad de micrófono abierto, pueden elegir competir si así lo prefieren – aunque en ese caso, lógicamente, no podrían formar parte del jurado. En este formato, copiado del boxeo porque inicialmente se daba entre dos poetas y a doce rondas, cada persona tiene tres minutos para leer su poema en un escenario y quienes reciben las mejores notas pasan a la instancia siguiente.
b- Un tipo específico de poesía: poesía oral interpretada, o dicho de otro modo, performática. El significado clave es declamación. Lxs poetas recitan frente a un público y le agregan a las palabras un trabajo de gestos y acentuaciones, resignificando lo escrito y revalorizando la oralidad. El vuelo artístico y el impacto visual se conjugan en escena, donde, a partir de la infinidad de recursos corporales, lo no dicho y los silencios juegan un papel fundamental.

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   Es por esto último que en octubre del año pasado tuvimos junto a Elías Fernández, Florencia Kania y Federico Jerez las primeras reuniones en las que nos preguntamos qué aportaría generar un nuevo ciclo en medio de una multiplicidad de eventos; coincidimos en la necesidad de dos cosas: nuclear a la mayor cantidad posible en una red de retroalimentación y al mismo tiempo ser la puerta de entrada para quienes no hubieran encontrado todavía un lugar para exponer sus propios textos. MAPPA (como sus siglas y la conjunción de ellas lo indican) es un Micrófono Abierto de Poesía Performática y Autónoma que funciona como evento mensual de lectura de poesía, pero que además promociona ciclos similares en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, poniendo el acento en el sentido de comunidad intrínseco de estos espacios. Lo más lindo e interesante es que tiene una identidad rompecabezas: se va construyendo y reinventando a partir de las partes entrelazadas que lo componen. Es imposible hablar del evento mensual sin mencionar a la red de ciclos, y viceversa. Sólo por nombrar algunos, la Justa Poética y el Slam Zona Sur son lugares que respetan el formato de competencia, mientras que Tercer Jueves o Noche Equis se presentan como eventos de lectura más bien convencional. Todxs coexisten en un mismo perímetro de proximidad y aún así no está tan visibilizado -o lo está menos de lo que sería óptimo que estuviera- el abanico de posibilidades que propone Buenos Aires y que es diametralmente opuesto en otras provincias del país (según contó alguna vez Mario Flores, poeta salteño) donde la oferta cultural va de escasa a nula según la región y muchas veces está supeditada a la programación de las instituciones municipales, reduciéndose, por ejemplo, a los corsos de carnaval.

   El Slam entonces, a pesar de generar cierta controversia por las decisiones estéticas que decide priorizar y que tienen que ver en mayor medida con lo teatral que con lo poético, es sumamente práctico – por el impacto rápido, la versatilidad de las performances, y la simpleza de sus reglas – para generar una irrupción de la poesía en personas y lugares a lxs que antes no había podido llegar. Existe hace un tiempo un intento de federalización, es decir, de transformar las competencias locales, hoy en día autónomas, en instancias de preparación para torneos nacionales, lo que provocaría un desarrollo exponencial de las redes de conexiones entre poetas de todo el país. Sin embargo, al fin y al cabo es un espectáculo que requiere de cierto número de partícipes activos para sostener la dinámica que propone y precisamente eso es lo que termina resultando contraproducente para los pueblos pequeños.

   En estas movidas participan diversos tipos de poetas. Podríamos decir que por un lado hay un acercamiento a formas novedosas o cercanas a otros géneros que no tienen que ver con la poesía tradicional, pero por otro lado no dejan de ser modos de experimentación en un formato único. Esa limitación lleva a repetir estilos y temáticas, que la mayoría de las veces tienen que ver con la inmediatez del momento histórico que se está atravesando. De todos modos, es difícil, por suerte, divisar aquí y ahora una identidad formada de la poesía argentina, como suele pasar en otras partes del mundo (acaso Estados Unidos, el germen del Slam, que lleva más de treinta años de experimentación escénica); la identidad poética se construye en retrospectiva. Además, dos cosas: no me parece urgente teorizar al respecto y, por el contrario, temo que sea peligrosamente reduccionista. Si bien hoy por hoy y en los ciclos en los que nos movemos se le da lugar a los géneros populares como la cumbia, el rock o la forma de hablar de las redes sociales, en líneas generales nos seguimos reconociendo como herederos de aquellos a quienes leemos y que condicionan nuestra manera de escribir.

   Es importante que existan estos eventos primero porque logran desmitificar a la poesía como un arte obsoleto e invitan a desacralizarlo; segundo, porque es necesario defender a la cultura independiente; y tercero, porque reúnen a artistas bajo un mismo techo y los pone necesariamente en contacto cotidiano, posibilitando un mayor crecimiento productivo.