Pastel vencido

Por Agustina Pérez

   La obra pictórica de Osvaldo Lamborghini –si puede llamarse así a sus enchastres de materiales de colegio –témperas, plasticola, lapiceras- sobre revistas porno del destape franquista- es casi desconocida por estos lares. De esta obra que evadimos o nos evade salen las tres mujeres que no se dignan a darnos ni un minuto de su atención. Una de ellas, a no ser por el anacronismo manifiesto, parece mirar su celular. La otra observa algún lugar fuera del cuadro. La tercera es apenas un resplandor de cabellos rubios.

    Lamborghini trabaja sobre la foto de unas travestis españolas, traduciéndolas como cocottes del Tucumán de fin de siglo. La técnica de época hace pensar en esas obras que Héctor Libertella calificaba como de la sentina del barco, donde el agua –menos nociva, igualmente, que la luz de la interpretación- se filtra, deshaciendo en parte los volúmenes. La damisela que se roba el cuadro, con sus curvas tan prominentes como imposibles, su perfil egipcio y su vestido de sirena, es una estampita elocuente de esta producción. Es que acá, efectivamente, todo se vino prodigiosamente a pique, vencido como el pastel. Encerrado en un cuarto en Barcelona, doblemente exiliado del país y de la entonación rioplatense, Lamborghini se pone a tramar obritas pamplinoides, alguna cosita flotadora y virtual entre escritura e imagen, donde ninguna sale indemne de este cruce: ni la escritura funciona como epígrafe a la imagen, ni la imagen ilustra o explica la escritura, los materiales, en pugna, se superponen, se contaminan, sostenidos en una contienda sin síntesis. Obras monstruosas como las sirenas, deceptivas y promisorias, entre la burla y el supuesto nonsense tartamudeante que se crispa en destellos de significación.

    Hay en el cuadro un cuarto evadido. El tal Vladimir Ser Gay Cortina, pese a figurar en el epígrafe y señalarse su presencia mediante un círculo cuidadosamente dispuesto, se niega a comparecer. En su lugar hay, en cambio, una cortina sugestivamente descubierta que deja ver… una pared.

Lamborghini