Sobre Un Juego Discreto de Inés Isaurralde

Por Patricio Foglia

 

William Blake, grabador, dibujante y poeta, creyó que nuestra vida era una alucinación y que habitábamos un mundo en dónde los sentidos nos engañaban. Blake se preguntó si lo que vemos como una simple bandada de pájaros en el cielo no es en realidad -mirado con los ojos del espíritu- un coro de ángeles luminosos o la danza de un sistema planetario desconocido o la puerta de acceso hacia otro universo.
Muchos años después, del otro lado del océano, Jim Morrison elige el nombre para su banda y recuerda haber leído un libro de Aldous Huxley, Las puertas de la percepción, cuyo epígrafe dice: If the doors of perception were cleansed every thing would appear to man as it is, Infinite, esto es, cuando se abran las puertas de la percepción, cada cosa nos será revelada como realmente es, infinita. Eran versos de William Blake.
 Todx poeta es un habitante de dos mundos. Como si dijeramos, todx poeta tiene un pie en la tierra pero otro en el cielo, porque es capaz de mirar a los ojos de las personas y de las cosas, para saber que están siempre envueltas en un misterio.
 Como Blake, también dibujante y poeta, Inés Isaurralde es una particular habitante de estos mundos; cada poema de este libro puede ser visto como una ilustración y cada ilustración puede ser leída como un poema. En ambos casos, la mirada parte del llamado mundo real hacia otro universo, hacia esa extraña sensación que vibra cada día en nuestro pecho, pero que nunca sabemos de dónde viene ni por qué, y de repente estamos en el barrio de Flores y subimos hasta la terraza para pescar extraños animales de oro o estamos en Lugano y podemos sentir cómo atraviesan el cielo los pulquis invisibles o salimos corriendo juntos de una fiesta y todo eso se parece al amor.
 Sin la pompa de la épica ni los altos tonos del romanticismo, Un juego discreto vuelve a dar ese mismo pequeño, enorme salto hacia el misterio, hacia lo indecible, hacia la promesa de otro mundo, fulgurante, que puede percibirse desde el hueco del hormigón.

 

Pulquis

 En el tercer piso de la escuela
trece de Lugano
hay una pintura enorme del Pulqui
cielo rojo, hombres de ciencia en guardapolvo
contemplan aquel avión
y al futuro
desde el pasado
Vidas ordenadas
en viviendas accesibles
el urbanista imagina lo que nunca es
si de noche se observa
una de las torres
desde afuera
se convierte, ciertamente
en una caja de luces
las cortinas y las lámparas de bajo consumo
generan una vibración entre ventana
y ventana
Alrededor de las torres, los parques
no son de recreación,
crean una distancia con la ciudad secreta
las luces reverberan
son hoy las pistas de aterrizaje
de los pulquis invisibles que despegan
elegantes
en la mitad de la noche

 

 

Munro

 Cuando las paredes son de material barato
no resisten ni los años, ni las lluvias
y aquel color prometedor
se agrieta, se pone verde
se llena de manchas
de humedad
Los sueños pueden parecerse
a los barrios abandonados
con sus canchas de paddle
y sus negocios vacíos
Es que a veces conviven las ruinas
con el sábado de compras
la promesa de un futuro fulgurante,
se percibe en algún hueco
en el medio del hormigón