La adaptación a la luz de la traducción: entre Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued y El otro hermano, de Adrián Caetano

Por Lucas Reydó

   Jean-Luc Nancy advierte sobre cierto proceder del traductor frente a los términos que no encuentran equivalencia exacta en la lengua materna:

“Cuando el traductor debe o quiere hacer uso de la economía de una nota explicativa y hermenéutica respecto de lo intraducible que resta así intraducido (…), el traductor debe contentarse con ese gesto que no tiene sentido, pero que indica, por el contrario, la proximidad de un sentido otro, de un sentido que no tiene sentido en la lengua de llegada, de un sentido que no llega a significar de idioma a idioma”[1]

   Problematizar la adaptación novela-cine en función de esta imposibilidad de equivalencia a la que está condenada la traducción permite repensar a la adaptación en otra clave que en la de la fidelidad al libro. Esto es, ayuda a comprender que una buena adaptación no supone la reproducción exacta de cada uno de los acontecimientos de la novela sino más bien la posibilidad de señalar, a través de aquel gesto nancyano que no llega a significar, los elementos que hacen a las particularidades estructurales de la narrativa.

   La pregunta entonces sería si El otro hermano, de Adrián Caetano, llega a ser una buena adaptación de Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued, en relación con ese señalamiento a partir de los lenguajes-otros que posibilita el cine. En términos de fidelidad, la película de Caetano reproduce elementos de la novela de forma más bien precisa: el escabroso reconocimiento de Cetarti de los cuerpos de la madre y de su hermano, el fanatismo de Danielito por los documentales de National Geographic y, en fin, un Duarte bastante apegado a la imagen del ex militar retirado devenido en estafador serial que presenta Busqued… Todas pautas de que Caetano busca lograr una adaptación fiel, a costa de otros elementos que deja de lado (los sueños con calamares gigantes de Cetarti y su enfermiza cotidianeidad durante su estancia en Lapachito entre porro, coca-cola y saladix,  la colección pornográfica de Duarte y el cambio total del final de la trama). Pero como se advertía, esta correspondencia no hace a la adaptación, sino más bien excusa al film para hacer lo que él quiere.

   Si la novela de Busqued supuso un acontecimiento dentro del campo literario argentino contemporáneo, no fue por los contenidos narrados sino más bien por el modo mismo de la narración, por su antimodernismo lisérgico que presentaba a sus personajes dentro de una llanura moral que los volvía secos e insensibles al trato. Allí radicaba el carácter enfermizo de la novela: en la imposibilidad reflexiva de los personajes, en su parquedad frente a lo más oscuro. Caetano parece comprender por momentos la necesidad reflejar esa parquedad, pero falla al situar el film dentro de la comedia negra en el principio (volviendo a Duarte una máquina de gags) y dentro del thriller sobre el final (con la escena del banco y el standoff final, inexistentes en la novela). En definitiva, falla por no poder llegar a asumir la oscuridad que la novela proponía. Despojada de narrador, la adaptación de Cateano corre mayores riesgos de los que puede enfrentar. Al respecto pueden hacerse unas dos últimas observaciones.

   La primera es relativa al título del film: con El otro hermano, Caetano busca dar cuenta de la dualidad existente entre Danielito y Cetarti, explicitada en el encuadre final del espejo retrovisor reflejando al último que se aleja del cuerpo muerto del primero. Pero esta dualidad se diferencia de la expresada por Busqued en la medida en que la de este último se traza en virtud de la parquedad entre los personajes, mientras que Caetano apela a un nexo de solidaridad y empatía entre ambos… Esto nos lleva a la segunda observación, que tiene que ver con el cambio del final.

   La inclusión del duelo final entre Duarte, Cetarti y Danielito, en vez del final seco y repentino del libro (el accidente de la camioneta con la vaca que, vale decir, la película incluye a modo de foreshadowing de un final que nunca sucede) es el último síntoma de la incapacidad de Caetano para asumir a Busqued del todo. Al director le resulta insoportable la posibilidad de hacerse de ese gesto propio de la traducción, el hecho de señalar esa imposibilidad de sentido a la cual Busqued se arroja, y, entonces, termina optando por la épica hollywoodense de la redención: Danielito ve a Cetarti como el hermano que nunca tuvo y lo salva para poder perpetuarse en él.

[1] La declosión (Deconstrucción del cristianismo, 1), Buenos Aires: La cebra editorial, 2008, p. 177-178.